martes, 18 de septiembre de 2007

LA ASOCIACIÓN MADRES DE PLAZA DE MAYO PREGUNTA QUÉ PASA EN EL INDEC

Buenos Aires, 17 de septiembre de 2007

LA ASOCIACIÓN MADRES DE PLAZA DE MAYO PREGUNTA QUÉ PASA EN EL INDEC

¿Qué pasa en el INDEC?
¿Quiénes son Beatriz Paglieri y Ana María Edwin?
¿Quién es Sampino?
¿Qué hace Guillermo Moreno?
¿Por qué desplazan a los empleados, profesionales y técnicos? ¿Por qué utilizan las mismas técnicas que en la dictadura?
¿Por qué los cambios en la metodología no son públicos? ¿Por qué no se respeta la mesa de negociación?
Si no sabemos qué pasa; si no sabemos qué hace Moreno; si no se respeta la mesa de negociación, tenemos derecho a exigir claridad, ética, principios y justicia para empleados, profesionales y técnicos.

Hebe de Bonafini
Presidenta
Asociación Madres de Plaza de Mayo

Agradecemos a las Madres de Plaza de Mayo su comunicado en apoyo a los trabajadores del INDEC
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4 comentarios:

Anónimo dijo...

me pueden decir para que siguen recolectando plata???

Juan dijo...

Tu comentario no tiene ada que ver con la entrada, pero te contesto que es para la proxima huelga si esto no se arreegla YA.

anonimo dijo...

HACIA ORGANIZACIONES SIN VIOLENCIA LABORAL
17 de noviembre de 2005


Durante todos estos encuentros se han estado revisando los diferentes tipos de violencia presentes en las organizaciones laborales. Me siento afortunada de integrar este panel de cierre, con el título de “Hacia organizaciones sin violencia laboral”, puesto que así como reza, me toca hablar de la esperanza.

Entiendo que la invitación corresponde a mi doble circunstancia de consultora y docente. Eso me coloca en dos posiciones privilegiadas para tratar con el tema: miro con ojos de médico allí donde duele, y hago campaña preventiva en el aula, antes del casi irremediable contagio.

No es trivial que las metáforas sean del ámbito de la salud. Es que el sufrimiento laboral ya tiene características endémicas, produce locura y, en un extremo, mata.

Y lo digo de muchas maneras: mata sueños, mata posibilidades, quiebra alas, asfixia.

Por esa razón, por su gravedad, el tema fue ganando espacio en mis clases, adquiriendo todas las formas de estudio que nos permitieran salir al cruce de estas cuestiones. De todas las materias que dicto para el último año de la Licenciatura en Administración en la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Buenos Aires, Dirección General es especialmente estratégica, dado que es cuando se espera que les trasmitamos a nuestros alumnos los conceptos integradores de todo lo visto.

Es importante aclarar que a nuestras aulas concurren los futuros directivos de las empresas. De allí salen a razón de miles los dirigentes a cargo del país. Es la Facultad más frecuentada del mundo, con 60.000 estudiantes inscriptos cursando. Es decir, que lo que allí se forma es buena y significativa parte del futuro de la Nación.

Por lo tanto, cuando miro cómo nos va, me pregunto qué estamos haciendo tan mal los formadores.

Hay una anécdota en mi vida que me subrayó todas estas preocupaciones. Hace un par de años atrás, se vivió una escena de violencia en clase, que nos dejó a todos consternados. Como yo me quedara muy apenada y preocupada, un joven alumno, pretendiendo consolarme me dijo a modo de ejemplo de lo que era su cotidianeidad: “no se preocupe, Profesora: en todos lados siempre el gerente le grita al jefe y el jefe le grita al empleado”. Esa frase, no sólo no me tranquilizó, sino que me dejó sin dormir y me marcó para siempre. Me di cuenta, con verdadero horror, que estaba instalándose o ya estaba instalada “la cultura del maltrato”. Que el modelo hegemónico que se imponía era el del desprecio por el otro y el de la cadena de venganzas sucesivas y que esto estaba siendo aceptado con naturalidad por personas brillantes y estudiosas, que serían presidentes, ministros, profesores a la hora en que mis hijos ejercieran su ciudadanía. Y realmente sentí miedo.

Sentí miedo de la paisajización del dolor, de la aceptación cómplice y silenciosa de las prácticas dañinas o ilegales, de la adscripción a modelos de éxito basados en la explotación y en la carencia de valores.

Esa fue especialmente la confirmación del rumbo. Ya veníamos trabajando temas de empresas ultracompetitivas y sistemas sociales perversos, pero a partir de entonces nos dedicamos con mayor ahínco a distinguir todas aquellas cuestiones que pudieran actuar de profilaxis en una sanación anticipada y en una cura de lo que ya estaba enfermo o “enfermado”.

El objetivo, que repetimos permanentemente, tiene que ver con llamar a la reflexión, generando conciencia de lo que sucede, para que el que sufra situaciones de violencia pueda distinguirlas, prevenirlas, modificarlas… o simplemente abandonar el lugar del sufrimiento.

Y sobre todo para que quien tenga la oportunidad de dirigir o liderar, lo haga desde su sabiduría y a partir de valores universales de respeto por el otro, las leyes, la naturaleza.


No es fácil la tarea. Bajar el velo de los ojos. Poner espejos delante. Explicarle al otro que, lamentablemente para su conciencia, no es que esté “atrapado sin salida”, sino que, muchas veces, sencillamente está cómodo en su dolor conocido, sin cuestionarse, simplemente obedeciendo, entregando su humillación o la tranquilidad de su sueño a cambio del sueldo — necesario— que ese sistema le paga. Y que no siempre son situaciones irreversibles, pero que pueden llegar a cristalizarse y tornarse críticas toda vez que no se exponga lo que pasa y se realicen las acciones necesarias.

Corriendo el riesgo de cometer errores conceptuales desde la perspectiva legal o científica específica, simplemente voy a repasar los temas de nuestro programa con los que trabajamos permanentemente mencionando cuando corresponda, a los que, por hacernos daño directo o indirecto, presente o futuro, llamamos VIOLENCIA en el ámbito laboral:


§ Comenzamos instalando la reflexión sobre la ética. Curiosamente, salvo una materia optativa a la que concurren muy pocos alumnos sobre Desarrollo Ético y Gerencia Social que se dicta por primera vez en este cuatrimestre, no existe asignatura que contemple este tópico en la Facultad.

Lo hacemos para “delimitar el terreno” y poder comparar desde una perspectiva individual, qué está bien, qué está mal. Es decir: dentro de la ética, fuera de ella. Y desde una perspectiva social: qué hace daño, qué no. Dentro de la ley, fuera de la ley. Y qué pienso de lo que hacen y piensan los demás. ¿Acepto sin cuestionar? ¿Discuto aquello en lo que no creo?... ¿Cómo juega mi libertad con el deber que me dicta mi conciencia? ¿Cómo se cruza ley y moral? … Porque “todos lo hacen”, “hacerlo” ¿es bueno?...

§ Hablamos también de poder. Junto con su efecto productivo, estudiamos la manipulación y el sometimiento… Las formas en que, sin participación de nuestra voluntad, realizamos acciones no deseadas y determinadas por otros, cómo reconocerlas y obrar en consecuencia.

§ Identificamos los Sistemas Sociales Perversos, o sea todos aquéllos que generan ambientes sociales y organizacionales favorables para que existan actores que, subidos en ese andamiaje, realicen actos dañinos al resto centrados sólo en su beneficio personal. El Estado asume esta modalidad cuando determina moratorias que le permiten recaudación inmediata pero alientan la evasión. O el Protocolo de Kyoto, que permite transferir los créditos obtenidos por los países no contaminantes, a favor de los países industrializados cambiándolos por bienes que necesita… sin tomar en cuenta que el mensaje debería ser NO CONTAMINAR.

Distinguimos las tramas perversas que se generan, no por única vez sino recurrentemente, instalándose en los vacíos legales y de tal modo que se hacen independientes de los nombres de los personajes, pues que aún cuando éstos cambiaran la trama persistiría. Es el caso del Jefe de compras que obliga al proveedor a entregarle una bonificación para seleccionarlo como abastecedor de sus productos.

La tremenda violencia en este caso, es la sufrida por todos los que acompañan al actor, pues se resignan a su suerte y sienten que nada pueden hacer para salir de su situación. Obviamente, nosotros nos focalizamos en el análisis de la problemática y en la identificación de los mecanismos de destramado que liberan.

§ Es violencia y la tratamos también en el aula, lo ya numerosas veces mencionado en este espacio, que se conoce como acoso psicológico, situación en la que un perverso narcisista o psicópata produce microtraumatismos en una víctima a la que persigue y aísla, y cuyos valores pretende socavar, guiado por su persistente deseo de destruir en el otro las cualidades que él mismo no posee, a fin de asegurarse su lugar de poder. Con esta conceptualización trabajamos con nuestros estudiantes. Distinguimos los casos de la cotidianeidad y atendemos especialmente a nuestros alumnos, que de a ratos se definen como víctimas pero también como victimarios.

§ Por esto último también caracterizamos las emociones destructivas, el enojo, el resentimiento, la ira, el odio. Para aprender a desarmarlas, a cuidar las relaciones.

Una psiquiatra completa estos temas hablando de pánico y fobias laborales.

§ Tomamos a las empresas ultracompetitivas como paradigmas de la violencia de nuestros días. Equipos de vendedores rompiendo exhibidores de la competencia, exponiéndose en alma y cuerpo para defender los intereses de particulares muchas veces anónimos.

§ Observamos la violencia del encierro y la presencia de las Instituciones llamadas Totales, como la cárcel o los neuropsiquiátricos, atravesando las organizaciones comunes con sus características de aislamiento, rutinas preestablecidas y compartidas, uniformes… La situación de prisión que significa trabajar en un shopping, en un Call Center, o en una fábrica.

§ Caracterizamos el Estado, incluyendo el concepto que nos enseñara Diana Scialpi del síndrome del desamparo aprendido, referido al desgano vital que acontece luego de las reiteradas frustraciones que vive el empleado. Estudiamos la violencia que despliegan al partir los equipos de conducción, que destruyen sistemáticamente lo hecho para peor recibir al que llega en su reemplazo, y la violencia de los recién llegados, que simétricamente suspenden los proyectos en curso.

Y también les enseñamos sobre política, pero desde la versión griega: como una virtud, para que puedan conocer la nobleza de esa actividad que también hay que recuperar de manos de los que la usurpan para sus intereses particulares, generando violencia por las promesas incumplidas y la estafa moral.

§ Además, caracterizamos las empresas familiares, con sus mecanismos positivos pero permanentemente traicionadas por su alto grado de emocionalidad. Advertimos acerca de sus difíciles temas de relación y de los procesos sucesorios, que son verdaderos campos de batalla en los que la violencia se da en grado virulento.

§ Es violencia, la violación de las leyes, la destrucción del medio ambiente que una organización utiliza, la producción de bienes y/o servicios dañinos para la comunidad, y la explotación del Hombre que emplea. Estudiamos Responsabilidad Social y transmitimos la importancia del mejoramiento del trabajador, puesto que aún su devolución en iguales condiciones implicaría retroceso, dado que se espera que el ser humano pueda evolucionar a partir de su rol de trabajador, desarrollarse, capacitarse, ser mejor.

§ Estudiamos negociación colaborativa y mediación, como mecanismo para la resolución de conflictos.



Agrego a la lista:

Es violencia:

fijar objetivos inalcanzables,
no explicar el sentido de las tareas,
pedir creatividad y rechazar las propuestas,
no leer los informes solicitados,
no atender al confort…

Es violencia tener que contar dinero de la caja cuando el sueldo no alcanza.
O construir un castillo para un particular inescrupuloso a cambio de una paupérrima retribución.
O pasar 12 horas todos los días, trabajando. Abandonando la familia, el estudio, las relaciones, por miedo…
O realizar tareas peligrosas o desagradables o sucias o tristes…


Trabajamos, en fin, en la construcción de organizaciones vivibles, aceptando claramente que mientras éstas no partan de una decisión del nivel jerárquico de mando, sólo podremos estar hablando de ambientes saludables. Pero que eso es suficientemente importante como para intentarlo, en el pequeño ámbito en el que nos desempeñemos, confiados en que los ejemplos positivos se contagian pues la gente está hambrienta de vivir mejor. Y para ello tenemos recetas simples:

1. Lo primero, tomar conciencia. Sobre eso trabajamos fuerte y tenazmente.
2. Conocerse a uno mismo, con sus limitaciones, dificultades, posibilidades, intenciones.
3. Conocer al otro próximo, sus potencialidades y talentos.
4. Asignar la mejor tarea para su desarrollo y de acuerdo con sus expectativas.
5. Darle a conocer sus objetivos con claridad, tiempos a emplear, recursos disponibles y cómo el cumplimiento de los mismos contribuye a la totalidad.
6. Otorgarle poder y propiedad respecto de sus actividades, para que encuentre el sentido trascendente que le corresponde.
7. Evaluarlo. Incentivarlo. Capacitarlo. E igualmente enseñarle de sus errores y mostrarle los límites.
8. …todo eso en un marco de valores dados a conocer perfecta y claramente.

Como habrán escuchado, soy coordinadora de la Facultad de Ciencias Económicas en los Centros Universitarios de las Cárceles. Entro y salgo de ellas todas las semanas. Mi papel es placentero puesto que llevo alegría y libertad. Pero no quisiera quedarme detrás de los muros abriendo y cerrando candados. Yo agradezco que alguien quiera hacerlo por mí.

Tal vez sea interesante comentarles que el Centro Universitario Devoto es de total autodisciplina. En un lugar extraordinariamente violento, como lo es la cárcel, pudo ser construido un espacio de paz en pos de un objetivo común. Todos los que en él o para él trabajamos, hemos encontrado la manera de acordar: el Servicio Penitenciario, el Ministerio de Justicia y la Universidad. Y por supuesto nuestros alumnos internos, que encuentran en ese lugar su espacio de realización y de esperanza, para volver a la sociedad con responsabilidad.

Conciencia. Entendimiento. Apertura. Acuerdo. Convivencia.

La sencillísima solución superadora, tiene que ver más con el desarrollo de la alteridad que ninguna otra cosa. Darse cuenta de que hay otro más allá de nuestros límites, con sus derechos y sus preferencias y sus necesidades.

Los estudiantes que eligen nuestros cursos saben por qué lo hacen.

Vienen buscando la posibilidad de recibir esta óptica diferente de la que van teniendo noticias.

Yo diría que, valientemente, están dispuestos a dejar el formateo de toda una carrera y de toda una sociedad que privilegia otros modelos. Y a refundarse. Más libres. Más concientes.

Toman un compromiso cuando así eligen. Y lo vemos a lo largo del tiempo. Vamos sabiendo de sus vidas y nos damos cuenta de que, si algo han podido hacer, lo han hecho. Y que han elegido en su mayoría, hacia el lado de la salud y de los valores.

Nosotros solemos repetir que el acto de estudiar es un acto revolucionario. Porque echa por tierra diseños intencionales para una sociedad indiferente y mediocre, y construye otra mejor versión.

Nosotros creemos que esa versión, todavía tiene posibilidades. De convivencia pacífica. De ética. De armonía. De prosperidad. De respeto. De Amor.

Amor. Una buena palabra para cerrar una presentación que habla de la esperanza.

MUCHAS GRACIAS.

Anónimo dijo...

¿Por qué las madres apoyan al gobierno K que manipula el nuevo INDEK?